ELENA SCHUMACHER

En 2010 viajé por primera vez a Namibia y quedé fascinada por las diferentes culturas y los increíbles paisajes. Los grupos étnicos más amenazados, como los san o los himba, luchan a diario por su supervivencia, manteniendo su cultura en este país desértico.

Volví a este fascinante país cada año, a menudo varias veces, y produje documentales sobre las distintas culturas. Cuanto más profundizaba en el conocimiento de los distintos grupos sociales y su cultura, más observaba que muchos niños no iban a la escuela, a pesar de que la escolarización es obligatoria, porque la pobreza, el hambre, la ignorancia de la sociedad y la falta de infraestructuras de este vasto país lo impedían. Precisamente en un país que necesita urgentemente una población bien formada para progresar.

Así nació mi determinación de colaborar en la escolarización de menores, pero no es nada fácil crear vías de ayuda seguras y transparentes. Hay que establecer lazos de confianza que solo se logran con mucha dedicación y tiempo.

Cuando conocí a Koviao Mbaha, una niña de la etnia herero que vivía con su madre en una choza sin agua ni electricidad, en un asentamiento muy pobre, supe que había encontrado la forma. Su talento y determinación me inspiraron a crear mi organización y, gracias a nuestra ayuda, pudo graduarse en la Universidad de Namibia a finales de 2024. Hoy trabaja en una compañía minera local, poniendo sus conocimientos de biología medioambiental al servicio de su país.

Paralelamente, a través de mi amistad con Domenica Deiure (Mimma), una europea residente en Namibia que compartía mis ideas y mi entusiasmo por contribuir a la educación de menores, decidimos combinar nuestras fuerzas, conocimientos y oportunidades para crear un nuevo proyecto. De allí nació el proyecto Escuela Comunitaria de Enghandja, un proyecto de la población local para su comunidad que solo puede hacerse realidad con apoyo externo, puesto que, en estas comunidades rurales del extremo norte de Namibia, las escuelas para los más pequeños quedan lejos y las comunidades no pueden acceder a ellas debido a la distancia y los costes. En Enghandja llevamos 3 años escolarizando a menores desde los 5 años, que ya van a segundo de primaria.

Por otro lado, colaboramos desde hace dos años con la escuela-guardería-orfanato de Sorre Sorres, en el centro del país. Esta maravillosa iniciativa de Morina Angula, con quien trabajamos conjuntamente para sacar adelante la educación, la alimentación y el cuidado de 18 menores, es un ejemplo de dedicación, esfuerzo y colaboración entre nuestra organización y los responsables locales, con quienes nos comunicamos a diario para decidir conjuntamente a qué se destinarán las donaciones según las necesidades actuales.

La mejor forma de salir de la pobreza es la educación; este es el lema de esta organización.


DOMENICA DEIURE (Mimma)

Viajé a Namibia con mi hijo por primera vez hace 13 años. Ya había visitado otros países de Asia y África, pero decidí quedarme en Namibia y dedicar mi vida a la gente de allí, especialmente a los niños vulnerables. Mi vida cambió por completo.

Al principio, trabajé como voluntaria en el Centro Mammadu de Otjomuise, cerca de la capital, Windhoek, donde dediqué todo mi tiempo y energía a cuidar de 60 niños. Mientras tanto, se me ocurrió la idea de fundar una nueva organización para promover la educación en Namibia. La oportunidad se presentó cuando conocí a Elena en el Parque Nacional de Etosha, donde había estado de excursión con los niños del municipio. Inmediatamente sentimos una sintonía que nos conectó en el proyecto de cuidar y educar a los niños namibios. A partir de ese momento, mantuvimos el rumbo y trabajamos en un proyecto concreto con nuestra pasión compartida.

Un buen amigo, Lukas Hamalawa, del norte de Namibia, me llevó a la comunidad rural de Enghandja para mostrarme la urgente necesidad de una escuela para los menores de la comunidad. Sin ella, muchos de ellos nunca tendrían la oportunidad de recibir una educación. En ese momento nació la Escuela Comunitaria de Enghandja.

A partir de entonces, tardamos unos meses en organizar reuniones con el reverendo Hainane, el líder de la comunidad y la propia comunidad de Enghandja, y en encontrar un terreno adecuado en el que pudiéramos construir la escuela, la casa, los aseos, etc. Para comenzar la tarea educativa, se nos prestó la iglesia, una choza sin paredes en la que se reúne la comunidad los domingos.

Nuestro principal objetivo es la construcción del edificio de la escuela, puesto que desde hace 3 años utilizamos esta choza-iglesia como aula, sin electricidad ni agua y con el suelo de tierra polvorienta, lo que complica la tarea educativa.

Nuestros donantes pueden estar seguros de que cada céntimo donado va destinado a la educación y alimentación de los menores.